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Centro de las Artes de Verín
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Centro de las Artes de Verín

Zooco Estudio

En el municipio gallego de Verín, en sus afueras, emerge la dotación educativa-cultural que ha sido diseñada por la firma Zooco Estudio. Sobre una parcela trapezoidal, el edificio se fragmenta en seis cubos de granito que alojan, de forma independiente, el auditorio principal, las aulas musicales, la sala polivalente, el acceso, la cafetería y el área administrativa. Componiendo un pequeño poblado, estos pabellones de diferentes alturas se desplazan y giran en un esquema aparentemente aleatorio, definido por la flexibilidad y las relaciones necesarias entre los diferentes usos.
La estructura formal del nuevo Centro de las Artes de Verín, realizado por Zooco Estudio, surge del profundo análisis previo de su entorno. Tras éste, los arquitectos llegaron a la conclusión de que el Concello de Verín destaca por la heterogeneidad de sus manzanas que han ido desarrollándose en torno a un núcleo.

Dentro de este análisis se puede observar que, a pesar de la gran variedad de formas de manzana existentes en el lugar, el modo de ocuparlas se repite en un alto número. Así, se puede ver que esta ocupación se caracteriza por contar con muchas edificaciones de pequeño tamaño que se alinean al borde de la parcela, pegándose a la carretera y quedando al interior los espacios comunes, formando así pequeñas comunidades o "poblados" dentro del conjunto de Verín. "Poblados" formalmente aleatorios, pero que se han definido por la flexibilidad de sus usos.

De esta manera, el proyecto llevado a cabo, un centro de artes, enfatiza el hecho de que sus usos funcionen de manera separada y todos a la vez correctamente. Con esta premisa se sigue el ejemplo del propio esquema anteriormente citado, donde cada unidad funciona de manera autónoma al exterior y en conjunto al interior, sin interferirse unos a otros. En este sentido, se generan seis cubos de granito en los que se alojan, de forma independiente, el auditorio principal, las aulas musicales, la sala polivalente, el acceso, la cafetería y el área administrativa. Por ello, cada uso del programa requerido por el Ayuntamiento, se materializa como una unidad, como un volumen que se alinea al borde de la parcela, generando un espacio de convivencia y relación, sin jerarquías, apoyando la idea de pequeña comunidad.

Por su manera de implantarse en la parcela, y la independencia formal de sus usos, se convierte en un conjunto fácilmente ampliable y modificable, ya que tanto su apariencia como su correcto funcionamiento no varían. Además, los distintos volúmenes que conforman el proyecto generan un desplazamiento y ligero giro que provocan un esquema de apariencia aleatoria pero lleno de relaciones y variantes. En un lugar definido por su propia flexibilidad.

Los volúmenes están interconectados mediante una gran losa que genera bajo ella los recorridos cubiertos y de acceso a los cubos, generando espacios irregulares semejantes a celdillas.

Igualmente, en el desarrollo del proyecto se han destacado las relaciones entre los distintos usos, de tal modo que, respetando el esquema de volúmenes independientes al exterior, junto con el espacio común y de relación al interior, los volúmenes se van deslizando según su uso, de manera que aparecen espacios intersticiales. Espacios irregulares a modo de celdas, lugares de diversas escalas que permiten a los usuarios del centro disfrutar de las salas y esconderse a la vez. Al igual que un pequeño poblado, los usuarios del centro interpretan los espacios libremente y los habitan a su antojo.

Así pues este espacio se convierte en un lugar de convivencia de diferentes actividades, un lugar muy especial, donde las distintas unidades funcionan como “casas” independientes y el conjunto como un poblado, asemejándose a la comunidad en la que se inserta.

De este modo, este esquema hace compatibles la separación y la conexión de los usos, generando múltiples centros que interactúan y cambian según el uso de sus ocupantes.

El aspecto general se completa con ‘la quinta fachada’ del edificio, la cubierta, en este caso formado por cubiertas vegetales.

Esta ‘quinta fachada’ también es una parte característica de la envolvente del edificio. Se trata de una cubierta aljibe, capaz de absorber gran parte de la radiación solar y funcionar como aislante térmico gracias a la vegetación, logrando unas condiciones higrotémicas óptimas en el interior del edificio. Al permitir la acumulación de agua de lluvia, consigue ahorrar recursos para su mantenimiento. Por otro lado, a nivel ambiental, colabora en la disminución de la temperatura del aire así como su renovación constante, permitiendo mejorar el edificio no sólo en su interior, sino también en las zonas aledañas.

Con respecto a su aspecto formal, a pesar de su sencillez constructiva, volúmenes de hormigón y vidrio, posee un sobresaliente carácter representativo sin olvidarse del entorno donde se ubica y relacionándose en escala (tamaño y altura de los volúmenes) con las edificaciones que le rodean.

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